En su primera transmisión en vivo por Instagram y TikTok, la presidenta negó consumir drogas y habló sobre la regulación de contenidos violentos. La audiencia, sin embargo, llevó la conversación hacia inseguridad, salud, agua y protestas.
Claudia Sheinbaum quería estrenar una nueva vía de comunicación directa con la ciudadanía. Su primera transmisión en vivo en Instagram y TikTok terminó mostrando algo más interesante: la agenda presidencial y la agenda de los usuarios no necesariamente son la misma.
Durante unos 25 minutos, la presidenta respondió preguntas y habló de distintos asuntos, pero uno de los primeros temas que decidió aclarar fue una acusación de la periodista y escritora Anabel Hernández, quien había señalado que Sheinbaum consumía marihuana para enfrentar la presión de gobernar y una presunta depresión.
La presidenta lo negó tajantemente.
Dijo que era “absolutamente falso” y calificó este tipo de señalamientos como parte de las fake news que circulan en redes sociales.
La aclaración ocupó parte de una transmisión que buscaba precisamente aprovechar esas plataformas para establecer una comunicación más directa con la población.
Pero ahí apareció una paradoja: las redes que el gobierno quiere utilizar para comunicarse también son el espacio donde circulan rumores, críticas y preguntas que escapan al guion oficial.
Sheinbaum también habló de una posible regulación de contenidos violentos en plataformas digitales. Aseguró que el objetivo no sería censurar, sino evitar contenidos vinculados con violencia contra niñas, niños y adolescentes.
Según explicó, la consejera jurídica de Presidencia, Luisa María Alcalde, y el titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, José Antonio Peña Merino, ya habían sostenido reuniones con representantes de plataformas digitales para abordar el tema.

La discusión, sin embargo, tiene un punto delicado: regular contenidos en internet puede plantearse como una medida de protección, pero también abre preguntas sobre quién decide qué debe ser retirado, bajo qué criterios y con qué límites.
Y mientras la presidenta hablaba de esa regulación, los usuarios llevaron la conversación hacia otros problemas: inseguridad, la situación del IMSS, la crisis del agua en Jalisco y la respuesta del gobierno frente a manifestaciones.
Ese contraste probablemente sea lo más revelador de la transmisión.
El Gobierno puede diseñar una agenda para sus redes. La audiencia, en cambio, llega con la suya.
El reto para Sheinbaum no será únicamente mantener una presencia constante en Instagram o TikTok. Será demostrar que estos espacios realmente permiten una conversación de ida y vuelta y no terminan convertidos en otra versión de la comunicación oficial, solo que con formato de live.


Deja un comentario