Los consumidores jóvenes están aprovechando puntos y reembolsos para compensar alimentos, gasolina, viajes y suscripciones. La estrategia puede funcionar, pero solo mientras las recompensas no terminen financiándose con intereses.
Para una parte de la Generación Z, la tarjeta de crédito ya no es solamente una forma de pagar a fin de mes. También es una herramienta para intentar recuperar una parte de lo que gastan todos los días.
Alimentos, gasolina, viajes, suscripciones e incluso la membresía de una tienda pueden convertirse en puntos o cashback. La lógica es sencilla: si el gasto va a ocurrir de cualquier manera, ¿por qué no obtener algo a cambio?
El caso de Jordan Sheehy, un estudiante canadiense de 23 años, ilustra esta estrategia. Tiene tres tarjetas que utiliza para diferentes categorías de consumo y obtiene cientos de dólares canadienses al año entre reembolsos y puntos.
Una de sus tarjetas le genera alrededor de 130 dólares canadienses anuales en cashback, suficiente para cubrir el costo de su membresía ejecutiva de Costco. Con otra acumula cerca de 13,000 puntos al año, valorados en unos 300 dólares canadienses.
Incluso utiliza inteligencia artificial para comparar comisiones, beneficios y recompensas antes de decidir cómo utilizar sus tarjetas.
No es solo una historia individual
Una encuesta de Citizens Financial Group realizada en 2026 encontró que 44% de los integrantes de la Generación Z dijo que las recompensas de sus tarjetas de crédito habían marcado una diferencia significativa en sus hogares.
Entre los millennials, la proporción fue de 19%.
Además, 35% de los encuestados de la Generación Z quiere utilizar esas recompensas para alcanzar una meta financiera de mayor tamaño.
El dato revela algo más interesante que una simple fascinación por los puntos: para muchos jóvenes, cada beneficio cuenta cuando el dinero alcanza para menos.
Pero ahí aparece la trampa.

El cashback no es dinero gratis
Una tarjeta que devuelve 2%, 5% o incluso más en determinadas compras puede parecer una buena herramienta financiera. Pero gastar 100 pesos adicionales para obtener 2 pesos de recompensa no es ahorrar.
Y si ese gasto genera intereses porque el saldo no se liquida completamente al final del periodo, la matemática cambia por completo.
Los intereses pueden borrar rápidamente cualquier beneficio obtenido mediante puntos o cashback. Por eso, especialistas citados en el reporte recomiendan pagar el saldo total cada mes y revisar si las recompensas realmente compensan las cuotas anuales.
La regla es sencilla: no hay recompensa que justifique endeudarse.
La verdadera ventaja está en controlar el gasto
Para una generación que comenzó su vida adulta en medio de inflación, vivienda cara y mayor presión sobre el costo de vida, optimizar cada peso puede resultar atractivo.
Pero las tarjetas no reducen el precio de las cosas por sí mismas. Solo pueden devolver una pequeña parte del gasto.
La diferencia entre una estrategia inteligente y una deuda costosa está en algo mucho menos emocionante que acumular puntos: pagar a tiempo y no gastar más de lo que ya estaba previsto.
Porque cuando una recompensa depende de consumir más, deja de ser una ventaja. Se convierte en el incentivo perfecto para gastar dinero que no se tenía pensado gastar.


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