¿Un tercer impeachment contra Trump? Los demócratas tienen más poder, pero no los votos

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La recuperación del control del Congreso abriría la puerta a investigaciones sobre los negocios, las relaciones y las decisiones del presidente estadounidense. Sin embargo, destituirlo exigiría una mayoría que los demócratas difícilmente conseguirían en el Senado.

Donald Trump podría enfrentar una nueva etapa de presión política si los demócratas consolidan su victoria en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. La oposición tendría la posibilidad de abrir investigaciones sobre su administración, exigir documentos y llamar a funcionarios a comparecer. Pero hay una pregunta que todavía divide al partido: ¿vale la pena intentar destituirlo por tercera ocasión?

Aunque algunos legisladores consideran que existen motivos suficientes para iniciar un nuevo proceso de impeachment, las principales figuras demócratas han evitado comprometerse. No necesariamente porque descarten las acusaciones contra Trump, sino porque reconocen que una destitución requiere condiciones políticas que hoy no parecen estar garantizadas.

La diferencia es importante: recuperar el control de una o ambas cámaras del Congreso permitiría a los demócratas ejercer una vigilancia mucho más estricta sobre el gobierno, pero no les garantizaría la salida del presidente.

Investigar a Trump, la primera apuesta

Entre los asuntos que podrían quedar bajo revisión están las operaciones bursátiles vinculadas al entorno presidencial, las relaciones de Trump con figuras como Jeffrey Epstein y Elon Musk, así como otras decisiones y posibles conflictos de interés relacionados con su administración.

El control de la Cámara de Representantes permitiría a los demócratas impulsar investigaciones desde los comités legislativos y emitir citaciones para obtener testimonios e información. Se trataría de una herramienta política e institucional de peso, especialmente después de un periodo en el que la oposición ha tenido menos capacidad para supervisar al Ejecutivo.

Sin embargo, varios demócratas consideran que concentrar los esfuerzos en esas investigaciones sería más útil que iniciar una nueva batalla por la destitución.

La exvicepresidenta Kamala Harris advirtió que un impeachment no sería una buena idea debido a los recursos limitados y a la falta de votos suficientes en el Senado. Su postura apunta a una estrategia de rendición de cuentas mediante investigaciones, en lugar de una confrontación que podría terminar sin consecuencias institucionales.

En la misma línea se han pronunciado el senador Sherrod Brown, la senadora Tammy Duckworth y el exalcalde de Chicago Rahm Emanuel. Los tres han expresado reservas sobre un nuevo proceso, al considerar que podría convertirse en un enfrentamiento político sin resultados concretos.

Un partido dividido frente a la destitución

No todos comparten esa visión.

La congresista Alexandria Ocasio-Cortez ha manifestado su respaldo a un nuevo proceso, al considerar que existen elementos suficientes para presentar cargos contra Trump. También el legislador Al Green ha intentado impulsar iniciativas relacionadas con sus políticas migratorias y con incidentes en los que agentes federales mataron a ciudadanos estadounidenses.

Por su parte, el congresista Steve Cohen presentó 26 artículos de destitución que incluyen acusaciones de abuso de poder y desacato a órdenes judiciales. Mientras tanto, Ro Khanna ha defendido la posibilidad de avanzar con un procedimiento para establecer límites constitucionales al poder presidencial.

Otros dirigentes, como Hakeem Jeffries y Jamie Raskin, han mantenido una postura más cautelosa: no descartan la opción, pero tampoco la colocan como una prioridad inmediata.

La división refleja un dilema estratégico. Para una parte del partido, permitir que Trump continúe sin un nuevo intento de destitución podría interpretarse como falta de firmeza. Para otra, repetir una estrategia que ya fracasó podría terminar beneficiando al propio presidente.

¿Por qué sería tan difícil destituirlo?

El procedimiento de impeachment comienza en la Cámara de Representantes. Una propuesta puede pasar por el Comité Judicial, donde se revisan los argumentos y se decide si los cargos deben avanzar al pleno.

Si una mayoría de la Cámara vota a favor, el presidente queda formalmente sometido a un proceso de destitución y el caso pasa al Senado, donde se desarrolla el juicio político.

Pero la etapa decisiva tiene un obstáculo considerable: para condenar y retirar al presidente del cargo se necesita el voto favorable de dos tercios de los senadores presentes.

Eso significa que, incluso si los demócratas controlaran la Cámara de Representantes, necesitarían el respaldo de un número importante de republicanos para conseguir la destitución.

Sin una ruptura significativa dentro del Partido Republicano, un nuevo impeachment podría avanzar en la Cámara, pero terminaría nuevamente bloqueado en el Senado.

Trump ya sobrevivió a dos procesos

No sería la primera vez que Trump enfrenta un procedimiento de esta naturaleza.

En diciembre de 2019, la Cámara de Representantes aprobó su primer impeachment por las acusaciones de presionar al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para que investigara a Joe Biden y a su hijo Hunter, mientras se retenía ayuda militar destinada a ese país. El Senado lo absolvió en febrero de 2020.

El segundo proceso llegó después del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Trump fue acusado de incitar a la insurrección, pero nuevamente fue absuelto por el Senado, en febrero de ese año, cuando ya había dejado la presidencia.

En ambos episodios, la división partidista fue determinante. Aunque algunos republicanos se sumaron a los demócratas para respaldar los cargos, no se alcanzó la mayoría necesaria para condenarlo.

Ahora, el escenario podría ser todavía más complicado para sus adversarios: Trump mantiene una influencia considerable sobre el Partido Republicano y ha reforzado su control sobre buena parte de sus legisladores.

La apuesta demócrata rumbo a 2028

Un tercer impeachment también tendría consecuencias electorales. Algunos demócratas temen que la iniciativa termine movilizando a la base de Trump y le permita presentarse nuevamente como víctima de una persecución política.

Una encuesta de Politico citada en la información original encontró que 50% de los consultados apoyaría que los demócratas impulsaran un proceso de destitución si recuperaban el control del Congreso; 32% estaría en contra y 18% no tenía una postura definida. Otro 54% consideró que Trump había cometido actos que justificarían su destitución.

Pero el respaldo a la idea no resuelve el problema de los votos ni garantiza que la estrategia resulte políticamente conveniente.

Trump, por su parte, ya ha utilizado la posibilidad de un nuevo impeachment como argumento ante sus simpatizantes. En un mitin en Texas, se burló de sus adversarios y aseguró que se ha vuelto bueno derrotándolos en esos procesos.

La oposición estadounidense enfrenta así una decisión que va más allá de iniciar o no un procedimiento constitucional. Puede utilizar el control legislativo para investigar al presidente, exhibir posibles irregularidades y construir una agenda de rendición de cuentas, o apostar nuevamente por una destitución que difícilmente conseguiría superar el Senado.

Los demócratas podrían recuperar el poder para poner a Trump bajo investigación. Lo que todavía no tienen claro es si cuentan con la fuerza política para sacarlo del cargo.


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