La ciudad registró 90.5% de percepción de inseguridad en la ENSU y suma tres mediciones consecutivas en el primer lugar nacional. Aunque bajó 0.7 puntos frente a junio, el indicador aumentó 2.3 puntos respecto a septiembre de 2025.
Irapuato vuelve a ocupar el primer lugar nacional en percepción de inseguridad.
Y esta vez el dato resulta especialmente difícil de maquillar: 90.5% de la población adulta dice sentirse insegura en la ciudad.
En términos simples, nueve de cada diez habitantes tienen esa percepción.
Los resultados corresponden a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi y colocan a Irapuato por encima de Chilpancingo, Guerrero, que registró 86.9%, y Mazatlán, Sinaloa, con 85.8%.
Pero hay otro dato que pesa incluso más.
Irapuato acumula tres trimestres consecutivos en el primer lugar nacional.
La cifra puede haber bajado ligeramente respecto a la medición anterior, pero todavía está lejos de mostrar un cambio de fondo.
Baja frente a junio, sube frente a 2025
El 90.5% registrado en septiembre representa una reducción de apenas 0.7 puntos porcentuales respecto a junio, cuando Irapuato alcanzó 91.2%.
Es una disminución, sí.
Pero difícilmente puede interpretarse como un giro contundente.
Y la comparación anual resulta todavía menos favorable.
En septiembre de 2025, la percepción de inseguridad era de 88.2%. Un año después, aumentó a 90.5%.
Son 2.3 puntos porcentuales más.
Es decir, Irapuato no solo continúa encabezando la medición nacional: una mayor proporción de sus habitantes dice sentirse insegura que hace un año.
Ahí está la verdadera dimensión del dato.

Libia responde: “vamos a seguir trabajando”
La gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo, fue cuestionada sobre los resultados durante su visita a Irapuato.
Su respuesta fue breve:
“¡Vamos a seguir trabajando!, ¡vamos a seguir trabajando fuerte!”
La mandataria sostuvo que existen avances en materia de seguridad y señaló que ahora también corresponde atender la percepción de la población.
Su argumento es relevante porque introduce una distinción entre dos conceptos que suelen mezclarse en el debate público: los resultados objetivos de seguridad y la percepción que tiene la ciudadanía sobre ellos.
“Ha habido avances importantes y bueno ahora toca también seguir atendiendo a la percepción, que no necesariamente está vinculada a los resultados”, afirmó.
La administración estatal insiste así en que una mejoría en determinados indicadores delictivos no necesariamente se traduce de manera inmediata en una sensación de seguridad.
Y técnicamente tiene sentido.
Pero políticamente existe un problema.
La percepción también es un resultado.
Si nueve de cada diez habitantes consideran insegura su ciudad, esa percepción forma parte de la realidad que cualquier gobierno tiene que resolver.
El reto no es solo bajar los delitos
Una estrategia de seguridad puede mostrar avances en determinados indicadores y, al mismo tiempo, fracasar en convencer a la población de que su entorno es seguro.
Las dos cosas pueden coexistir.
Por eso el dato de Irapuato representa un desafío particular para el gobierno de Guanajuato.
No basta con demostrar que determinados delitos disminuyeron si la ciudadanía continúa sintiendo que salir a la calle, utilizar determinados espacios o desplazarse por la ciudad implica un riesgo.
La seguridad no termina en las estadísticas.
También se construye en la experiencia cotidiana.
Y ahí es donde Irapuato sigue teniendo una deuda.
Tres mediciones consecutivas en la cima
El dato tampoco puede analizarse como un accidente estadístico.
Irapuato acumula tres trimestres consecutivos como la ciudad con mayor percepción de inseguridad del país.
Eso cambia la lectura.
Una medición excepcional podría atribuirse a un episodio específico o a una coyuntura.
Tres mediciones consecutivas empiezan a mostrar una tendencia.
La pregunta, entonces, deja de ser por qué Irapuato aparece nuevamente en primer lugar.
La pregunta más importante es por qué no logra salir de ahí.
Y esa respuesta no puede reducirse únicamente a la comunicación gubernamental.

La percepción también se gobierna
El gobierno estatal plantea que ahora toca trabajar sobre la percepción.
Y ese punto merece atención.
Porque la percepción de seguridad no cambia únicamente con policías, patrullas o estadísticas. También depende de la recuperación de espacios públicos, la iluminación, la capacidad de respuesta de las autoridades, la confianza en las instituciones y, sobre todo, de lo que las personas experimentan todos los días.
Si la población no percibe cambios en su entorno, los avances institucionales pueden quedarse encerrados en los informes.
En Irapuato, el desafío es todavía mayor.
El gobierno necesita que la ciudadanía vuelva a creer que su ciudad puede ser segura.
No porque una encuesta lo exija, sino porque esa confianza también forma parte de la seguridad.
El dato que debería preocupar
La diferencia entre junio y septiembre puede parecer pequeña: 90.5% frente a 91.2%.
Pero la comparación con el año anterior cuenta otra historia.
En septiembre de 2025 eran 88.2%.
Ahora son 90.5%.
La percepción de inseguridad aumentó 2.3 puntos en un año.
Por eso reducir la conversación a que el indicador bajó ligeramente respecto al trimestre anterior sería quedarse con la mitad de la fotografía.
Irapuato sigue siendo la ciudad peor evaluada del país en este indicador.
Y mientras la gobernadora promete continuar trabajando, el dato plantea una exigencia mucho más concreta:
que los avances que presume el gobierno también comiencen a sentirse en las calles.
Porque en seguridad, una estadística puede decir que algo está mejorando.
Pero si nueve de cada diez personas siguen sintiendo miedo, la realidad todavía tiene mucho que decir.


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