Brasil no eligió presidente en la primera vuelta, pero sí dejó una señal política difícil de ignorar: el bolsonarismo vuelve a estar a las puertas del poder.
Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, terminó primero en la elección presidencial del domingo con 47.03% de los votos válidos. Luiz Inácio Lula da Silva quedó en segundo lugar con 45.16%.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) confirmó que Flávio obtuvo poco más de 56.1 millones de votos, mientras Lula superó los 53.8 millones. La diferencia fue insuficiente para definir la Presidencia en una sola jornada, por lo que ambos volverán a enfrentarse el 25 de octubre, en la segunda vuelta.
La elección, sin embargo, dejó algo más que una ventaja numérica para Flávio Bolsonaro. El resultado confirma que el movimiento político construido alrededor de su padre conserva una base electoral de enormes dimensiones incluso después de la condena de Jair Bolsonaro por su participación en la trama para revertir el resultado de las elecciones de 2022.
Una ventaja que todavía no es una victoria
Flávio Bolsonaro quedó a menos de tres puntos porcentuales de Lula, pero eso no significa que tenga la Presidencia asegurada.
En Brasil, para ganar en primera vuelta se necesita obtener más de la mitad de los votos válidos. Cuando ningún candidato alcanza ese umbral, los dos más votados pasan al balotaje.
La segunda vuelta cambia la lógica de la elección. Los candidatos que quedaron fuera deben decidir si respaldan a alguno de los finalistas, liberan a sus electores o mantienen una posición neutral.
Y esos votos importan.
Augusto Cury, tercero en la primera vuelta, obtuvo 2.89% de los votos válidos y anunció que permanecerá en silencio respecto al segundo turno. Ronaldo Caiado consiguió 2.18%, mientras Renan Santos alcanzó 2.24%. La suma de los votos de Caiado y Renan supera la diferencia entre Flávio y Lula.
Eso significa que la ventaja de Flávio es importante, pero no definitiva.

El regreso de una familia política
La candidatura de Flávio también representa una apuesta de continuidad para el bolsonarismo.
Jair Bolsonaro fue condenado por el Supremo Tribunal Federal (STF) a 27 años y tres meses de prisión por delitos relacionados con la tentativa de golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022. La sentencia quedó firme en noviembre de 2025.
Su salida de la contienda presidencial no significó, sin embargo, la desaparición del movimiento político que encabezó.
Flávio tomó el relevo electoral y consiguió colocarse por encima de Lula en la primera vuelta. El resultado convierte al senador en el principal vehículo de una corriente política que mantiene una base electoral considerable y que ahora puede recuperar la Presidencia.
El propio Flávio presentó el resultado como una demanda de cambio y afirmó que “Brasil quiere cambio”, según declaraciones recogidas tras la jornada electoral.
El dato que puede ser todavía más importante que la Presidencia
La elección presidencial no ocurrió aislada del resto del mapa político.
El Partido Liberal, la organización política de los Bolsonaro, obtuvo 121 diputaciones frente a 97 en 2022 y consiguió 19 de las 54 senadurías que estaban en disputa. Con ello, llegará a 2027 como la mayor bancada del Senado y como una de las fuerzas dominantes de la Cámara de Diputados.
Ese resultado modifica el escenario para cualquiera que llegue al Palacio de Planalto.
Para Flávio, una eventual victoria presidencial tendría detrás un Congreso mucho más favorable a la derecha. Para Lula, una reelección implicaría gobernar frente a una oposición fortalecida y con capacidad para bloquear o condicionar buena parte de su agenda.
La elección, por eso, no se reduce a escoger entre dos nombres.
Una segunda vuelta con el país dividido
El mapa electoral vuelve a mostrar una fractura geográfica y política conocida.
Flávio Bolsonaro fue el candidato más votado en buena parte del Sudeste, Sur y Centro-Oeste, mientras Lula conservó su fortaleza en el Nordeste y obtuvo ventaja también en algunos estados del Norte.
La polarización, por tanto, no desapareció.
Tampoco desapareció con el cambio de candidato. El apellido Bolsonaro conserva suficiente fuerza para disputar la Presidencia con Lula cuatro años después de que el entonces presidente Jair Bolsonaro perdiera precisamente frente al dirigente del Partido de los Trabajadores.
Pero hay una diferencia importante: esta vez el bolsonarismo llega a la segunda vuelta con un candidato distinto y con una representación parlamentaria fortalecida.
São Paulo y el nuevo mapa de poder
El avance de la derecha también se expresó en las elecciones estatales.
En São Paulo, el gobernador Tarcísio de Freitas fue reelegido en primera vuelta con 62.65% de los votos válidos. El resultado consolida a uno de los principales liderazgos conservadores del país fuera de la familia Bolsonaro.
El dato importa porque São Paulo es el estado más poblado y una de las principales plataformas políticas y económicas de Brasil.
La derecha brasileña, entonces, no depende exclusivamente de la candidatura presidencial de Flávio. Tiene gobernadores, legisladores y estructuras partidistas capaces de sostener su proyecto político más allá de una sola elección.

¿Qué cambia para Lula?
El presidente tendrá ahora tres semanas para intentar convertir una derrota estrecha en una victoria.
Su problema es matemático, pero también político. Lula necesita captar una parte importante de los votos que quedaron fuera de la segunda vuelta y, al mismo tiempo, evitar que la ventaja de Flávio se amplíe durante la campaña.
La diferencia actual es de poco más de dos millones de votos, una distancia significativa pero reversible en una elección de segunda vuelta.
Los candidatos eliminados tendrán un papel relevante, pero no necesariamente transferirán sus votos de manera automática. La decisión de sus dirigentes puede orientar a sus estructuras partidistas, pero cada elector volverá a tomar su propia decisión en la urna.
Lo que está en juego el 25 de octubre
La segunda vuelta será una disputa entre dos proyectos políticos, pero también entre dos visiones sobre el rumbo de Brasil.
Lula busca prolongar el ciclo del Partido de los Trabajadores y alcanzar un cuarto mandato presidencial. Flávio Bolsonaro intenta devolver el apellido Bolsonaro al Palacio de Planalto y convertir la derrota de su padre en el punto de partida de una nueva etapa del movimiento.
El contexto latinoamericano añade otra capa.
En los últimos años, distintas elecciones de la región han producido avances de fuerzas conservadoras. Brasil, por su tamaño económico, demográfico y político, puede convertirse en una pieza central de esa transformación regional.
Pero conviene evitar una conclusión anticipada: Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta; todavía no ganó la Presidencia.
Brasil volverá a votar el 25 de octubre. Y esta vez la pregunta no será quién tiene más votos entre los candidatos que siguen en carrera, sino qué proyecto logra reunir la mayoría necesaria para gobernar un país que llega a la segunda vuelta profundamente dividido.
La respuesta definirá mucho más que el nombre del próximo presidente.


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