Entre bambalinas | Por Don Bambalinas
Opinión
El regreso de Glee ya es oficial. Para quienes encontramos compañía entre sus canciones, la noticia significa volver a abrir la puerta de un lugar donde ser diferentes no nos dejaba fuera.
Se abre el telón y se levanta la ceja. Hoy, mis queridos lectores, también se calienta la voz.
Glee regresará. Disney+ y Hulu anunciaron el 21 de octubre una nueva versión de la serie que comenzó en 2009 y terminó en 2015, después de seis temporadas. El anuncio confirma el proyecto, aunque todavía no establece una fecha de estreno.
Y aquí tienen a Don Bambalinas, acomodándose el moño y buscando su lugar en el coro.
Porque hay series que recordamos por sus historias y otras que terminan conectadas con quienes éramos cuando las vimos. Glee, para muchos, pertenece a las dos categorías.
Un salón para quienes no encontraban lugar
La premisa parecía sencilla: un grupo de estudiantes intenta sacar adelante un coro escolar. Pero alrededor de sus ensayos aparecieron preguntas que podían acompañarnos mucho después de apagar la televisión.
¿Qué haces cuando se burlan de tu voz, de tu cuerpo o de la persona que amas? ¿Cómo defiendes un sueño cuando quienes te rodean lo consideran ridículo? ¿Dónde encuentras compañía cuando sientes que nadie te entiende?
Glee convirtió esas inquietudes en personajes capaces de equivocarse, enamorarse, competir y volver a intentarlo.
A mi juicio, ahí estuvo su mayor fuerza. Nos permitió imaginar que aquello por lo que nos señalaban también podía ayudarnos a encontrar a nuestra gente.
Mi reina, quizá en el pasillo te hacían sentir fuera de lugar. Pero en ese salón todavía había una silla para ti.
Un refugio con nombres y rostros
Para una parte de la comunidad LGBT+, Kurt, Blaine, Santana y Brittany fueron personajes especialmente significativos.
Sus historias dieron espacio al miedo al rechazo, al descubrimiento del deseo y a la posibilidad de construir una relación. También ofrecieron algo que puede parecer sencillo hasta que uno recuerda cuánto lo necesitaba: ver a personas LGBT+ deseando un futuro.
El impacto de Santana López tiene un reconocimiento concreto. En 2021, GLAAD reunió a integrantes del elenco para homenajear el legado del personaje de Naya Rivera y su influencia en jóvenes LGBT+, particularmente en la representación latina.
Eso ayuda a explicar por qué seguimos hablando de ella. Para algunas personas, encontrar una experiencia cercana en la pantalla abrió una conversación que todavía no podían tener en casa.
Una serie no elimina la discriminación. Puede, sin embargo, acompañar una noche difícil y ofrecer palabras para entender lo que sentimos.
A veces el primer lugar donde imaginamos que podemos ser felices está dentro de una historia.
El empoderamiento también podía desafinar
Rachel quería un escenario. Mercedes merecía que escucharan su voz. Kurt buscaba vivir sin tener que esconderse. Santana tuvo que enfrentarse a sentimientos que no sabía cómo nombrar.
No eran personajes ejemplares todo el tiempo. Podían ser egoístas, crueles, inseguros o desesperantes. Y precisamente por eso sus momentos de valentía tenían peso.
El empoderamiento que encuentro en Glee consiste en atreverse a ocupar espacio sin esperar a tener todo resuelto.
Cantar aun con miedo. Pedir una oportunidad. Defender a alguien. Reconocer un error. Intentar de nuevo después de una humillación.
Claro que había competencias y trofeos. Pero, para mí, las victorias más importantes ocurrían cuando alguien dejaba de tratarse como si mereciera menos.
Un fenómeno que también se escuchaba
Su alcance musical fue enorme: el elenco colocó 207 canciones en el Billboard Hot 100 durante la etapa original de la serie.
Las versiones y los mashups nos llevaron de clásicos a éxitos contemporáneos, de Broadway al pop. Una canción conocida podía adquirir otro significado cuando la cantaba un personaje al que ya le habíamos tomado cariño.
Y sí, admitámoslo sin escondernos detrás del abanico: algunos seguimos buscando primero la versión de Glee.
La música hacía que las emociones fueran fáciles de llevar con nosotros. Terminaba el capítulo, pero quedaba una interpretación para escuchar de camino a la escuela, después de una discusión o mientras reuníamos valor.
Volver exige escuchar el presente
Mi entusiasmo no borra sus problemas. Vista hoy, encuentro bromas que envejecieron mal, estereotipos y decisiones narrativas que merecen discutirse.
Querer una serie también permite reconocer dónde se quedó corta.
Por eso espero que el regreso tenga algo que decir a las nuevas generaciones. El proyecto está anunciado, pero su calendario, trama y reparto completo todavía no se han presentado oficialmente; los reportes sobre posibles regresos deben distinguirse de las confirmaciones.
Me emociona reencontrar rostros conocidos. También quiero descubrir nuevas voces y saber qué les preocupa, qué sueñan y qué canciones necesitan cantar.
La nostalgia puede conseguir que abramos el primer episodio. Para quedarnos hará falta una historia que escuche su tiempo.
Hay voces que siguen acompañándonos
El regreso también tendrá ausencias dolorosas. Cory Monteith y Naya Rivera, quienes interpretaron a Finn y Santana, fallecieron en 2013 y 2020, respectivamente.
Sus interpretaciones siguen formando parte de lo que significa Glee. Recordarlas con cariño será inevitable; hacerlo con respeto debe ser esencial.
Hoy prefiero celebrar lo que dejaron en quienes encontraron compañía en sus personajes.
Porque el legado de esta serie sigue vivo cada vez que alguien vuelve a una canción y recuerda que, durante unos minutos, se sintió menos solo.
Don’t Stop Believing.
Que vuelvan las voces, los nervios antes de salir al escenario y las ganas de intentarlo. Y que esta nueva etapa encuentre la manera de decirle a alguien lo que la primera le dijo a tantos: aquí también hay lugar para ti.
Aquí el aplauso se gana. Esta vez, Don Bambalinas espera de pie, con el corazón listo para cantar.
—Don Bambalinas


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