La casa levanta muertos

La casa levanta muertos

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Entre bambalinas | Por Don Bambalinas

La televisión puede devolver a una celebridad al centro de la conversación. Convertir esos reflectores en cariño duradero es otra historia.

Se abre el telón y se levanta la ceja.

La casa de los famosos tiene una curiosa especialidad: unos salen con seguidores, otros con una buena funa y algunos con una segunda oportunidad que parece incluir hasta servicio de resurrección artística.

No hablo de muertos de verdad, queridos lectores. Hablo de esas figuras que regresan al centro de la conversación gracias a una temporada de encierro, cámaras y exposición. La televisión pone los reflectores; el público decide cuánto tiempo sigue mirando.

Esta vez, mi ceja apunta hacia Mariana Ochoa.

Mi cariño por OV7 no incluye aplausos automáticos

OV7 es uno de mis grupos favoritos. Sus canciones tienen un lugar en mi memoria y no necesito borrar su trayectoria para cuestionar lo que vi en este reality.

Precisamente por eso, esperaba que Mariana me ofreciera algo más que una participación que terminé siguiendo con fastidio. Su manera de afrontar los conflictos y las entrevistas que he visto después de la final no lograron conquistarme.

El cariño por un grupo tampoco obliga a celebrar cada paso de sus integrantes. Uno puede saberse las canciones y, aun así, guardar silencio cuando llega el momento del aplauso.

Los votos tienen cifra; mi entusiasmo, ninguna

Según la información oficial difundida por TelevisaUnivision, Mariana ganó con más de 10.8 millones de votos. La empresa también reportó una audiencia superior a 15 millones de personas para la gala final en televisión abierta. Son cifras comunicadas por la propia televisora.

Por eso, no sería riguroso afirmar que nadie la apoyó o que el programa careció de audiencia. Mi molestia no borra esos datos.

Lo que sí puedo cuestionar es la distancia entre el triunfo anunciado y el entusiasmo que percibo en los espacios digitales que sigo. En ellos, Karina, Gema y Ese continúan despertando una conversación que, a mis ojos, resulta más interesante.

Eso tampoco convierte mis redes en un censo nacional. Las vistas de un live, los comentarios de una publicación y los votos del programa miden cosas distintas.

Pero dejan una pregunta atractiva para esta columna: ¿cuánto del impulso de una ganadora permanece cuando se apagan las cámaras de la casa?

La rueda de prensa también cuenta

La polémica llegó hasta las explicaciones posteriores a la final. Rosa María Noguerón defendió el mecanismo de votación y rechazó las acusaciones de fraude; Karina también expresó agradecimiento por el apoyo recibido.

A mí, las respuestas que vi no me quitaron todas las dudas. Y aunque eso no demuestra una manipulación, sí describe el desgaste de mi confianza como espectador.

Una producción puede defender su resultado. También debería entender que las preguntas no desaparecen únicamente porque las considere injustas.

Para cerrar una polémica hace falta algo más que cerrar el micrófono.

Del encierro a la taquilla

Mariana tiene anunciado un concierto en La Maraka para el 17 de octubre. Los precios publicados por el recinto van desde 510 pesos en la zona de vista parcial hasta 1,980 pesos en Oro.

Ese escenario permitirá observar otra faceta de su relación con el público. Votar desde una pantalla y comprar un boleto implican decisiones diferentes.

No tengo un reporte verificable de ventas para afirmar que el concierto sea un fracaso. Tampoco hay sustento aquí para asegurar que Televisa obligará a trabajadores o familiares a llenar el lugar. Una sospecha no merece boleto de primera fila como si fuera un hecho.

Lo que sí puedo decir es que yo, hoy, no compraría una entrada. Su paso por la casa no me dejó con ganas de escucharla más.

Y ese es el reto de cualquier exposición televisiva: conseguir que el interés sobreviva cuando ya no hay una gala recordándonos a quién mirar.

Mi reina, hace falta una historia propia

Mariana no necesita ser Wendy Guevara. Necesita ofrecer una propuesta que se sostenga por sí misma, con una personalidad y un espectáculo capaces de atraer al público fuera del reality.

La corona puede abrir puertas. Cruzarlas y conseguir que alguien quiera quedarse requiere otro trabajo.

A mi juicio, esta temporada le dio una enorme oportunidad, pero también dejó a Televisa y Endemol con preguntas incómodas sobre la credibilidad de su formato. Mi confianza sigue sin recuperarse.

Y mientras ellos celebran el desenlace, yo sigo esperando una razón para volver a entusiasmarme.

La casa puede levantar carreras que habían perdido reflectores. Lo que todavía está por verse es si logra mantenerlas de pie cuando termina la transmisión.

Aquí el aplauso se gana. Y esta vez, mi abanico sigue abierto, pero mis manos no.

—Don Bambalinas


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