La razón por la que la Gen Z y Millennials ya no quieren tener hijos

Un estudio global de Hábitat para la Humanidad encontró que 62% de la Generación Z y los millennials considera que los costos de vivienda dificultan formar una familia. El problema va más allá de la renta o una hipoteca: 81% de los jóvenes encuestados ha tenido que recortar algún gasto para poder pagar su vivienda.

Tener hijos puede ser una decisión personal. Pero también puede convertirse en una decisión económica.

Para una parte importante de la Generación Z y los millennials, el costo de la vivienda está haciendo más difícil siquiera considerar la posibilidad de formar una familia.

Un estudio global de Hábitat para la Humanidad encontró que 62% de las personas de estas generaciones afirma que los costos de vivienda dificultan formar una familia, frente a 46% entre las generaciones mayores. A nivel global, el promedio es de 56%.

El dato no significa que seis de cada 10 jóvenes hayan decidido no tener hijos. Significa algo distinto: el precio de conseguir y mantener una vivienda está condicionando sus planes de futuro.

Y esa diferencia importa.

El problema empieza mucho antes de pensar en una cuna

La investigación, titulada Un hogar, pero ¿a qué costo?, fue realizada entre el 10 de abril y el 30 de junio de 2026 con 30 mil 758 personas en 22 países, incluido México.

Su conclusión más amplia es que la vivienda no se está pagando solamente con dinero.

Tres de cada cuatro personas encuestadas, 75%, dijeron haber reducido al menos un gasto durante el último año para poder cubrir sus costos de vivienda.

El sacrificio incluye necesidades básicas: 33% redujo sus gastos en alimentos, 32% utilizó ahorros o fondos de emergencia y 13% retrasó o evitó atención médica. Además, 31% tuvo que asumir trabajo adicional para enfrentar los costos de vivienda.

Entre la Generación Z y los millennials, la presión es todavía mayor: 81% reportó haber reducido algún gasto para poder pagar la vivienda.

La pregunta, entonces, deja de ser únicamente cuánto cuesta una casa.

También es cuánto cuesta mantenerla.

Formar una familia se vuelve otro gasto que debe esperar

El estudio muestra que los costos habitacionales están entrando directamente en decisiones que tradicionalmente se asociaban con la vida adulta: casarse, tener hijos, cambiar de empleo, estudiar o buscar mejores oportunidades.

El 56% de las personas encuestadas a nivel mundial dice que los costos de vivienda dificultan considerar la posibilidad de formar una familia.

Entre Gen Z y millennials, el porcentaje sube a 62%.

La diferencia frente a las generaciones mayores —46%— apunta a una brecha generacional, pero no necesariamente a una diferencia en el deseo de tener hijos.

Lo que está cambiando es el margen económico para hacerlo.

Hábitat para la Humanidad advierte que muchas personas esperan contar con una vivienda asequible, adecuada y estable antes de tomar decisiones importantes sobre matrimonio, hijos y otros proyectos de vida.

Cuando ese requisito se vuelve inalcanzable, los demás planes también pueden aplazarse.

La vivienda también está afectando la salud

La presión no termina en las cuentas.

El 35% de las personas encuestadas considera que su situación habitacional es una de las principales fuentes de estrés de su vida. Entre los hogares de menores ingresos, esa proporción llega a 56%, mientras que entre quienes viven en condiciones informales alcanza 67%.

Además, 48% considera que un problema inesperado podría poner en riesgo su capacidad para permanecer en su vivienda.

Eso ayuda a explicar por qué la discusión sobre vivienda no puede reducirse a comprar o rentar.

Una persona puede tener un techo y, al mismo tiempo, vivir con la sensación de que cualquier emergencia médica, pérdida de empleo o gasto inesperado puede ponerlo en riesgo.

No todos enfrentan el mismo problema

La presión habitacional tampoco se distribuye de manera uniforme.

El porcentaje de personas que redujeron algún gasto para cubrir la vivienda sube a 89% entre quienes viven en condiciones habitacionales informales y 84% entre los hogares de menores ingresos, frente al 75% general.

Es decir, el problema no afecta únicamente a jóvenes que aspiran a comprar una casa.

También afecta a quienes ya tienen dificultades para conservar el lugar donde viven.

En Estados Unidos, 42% de las personas encuestadas que no son propietarias afirma que no espera llegar a tener una vivienda propia en algún momento de su vida. En Canadá, la cifra llega a 56%.

¿Y México?

México forma parte de los 22 países incluidos en la investigación y de los seis países latinoamericanos analizados: Argentina, Barbados, Brasil, Guatemala, México y Trinidad y Tobago.

En el conjunto de esos seis países, 74% considera que muchas personas viven en lugares donde su seguridad no está garantizada, por encima del 62% registrado en el conjunto de países participantes.

México también aparece entre los países donde 31% de las personas identifica la protección frente a fenómenos meteorológicos extremos como una de sus principales prioridades habitacionales.

Pero hay que hacer una precisión: el estudio global no permite afirmar, con los datos publicados por Hábitat para la Humanidad, que exactamente 62% de los jóvenes mexicanos haya pospuesto tener hijos por el costo de la vivienda.

Ese porcentaje corresponde al conjunto de Gen Z y millennials de los países estudiados.

El costo oculto de tener un hogar

La investigación de Hábitat para la Humanidad plantea una idea que suele perderse cuando se habla de precios inmobiliarios: la asequibilidad no consiste solamente en poder pagar la renta o la mensualidad de una hipoteca.

También consiste en conservar suficiente dinero para comer, atender una emergencia médica, ahorrar, descansar y construir algún proyecto de vida.

Cuando una vivienda consume demasiado del ingreso disponible, otros planes empiezan a competir con ella.

Ahí aparece la relación con la natalidad.

No necesariamente estamos frente a una generación que decidió colectivamente no tener hijos. Estamos frente a una generación que, en muchos casos, está intentando decidir cuándo puede darse el lujo de tenerlos.

Y esa diferencia convierte a la vivienda en algo más que un problema inmobiliario.

La convierte en una variable que puede determinar cuándo —o si— las personas sienten que pueden comenzar la vida que imaginan.


Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *