Un estudio identificó 88 sitios que alojaban imágenes íntimas no consensuadas generadas con IA; 93% podía encontrarse mediante búsquedas convencionales y casi todo el contenido tenía como objetivo a mujeres y niñas.
La inteligencia artificial no solo está haciendo más fácil fabricar imágenes íntimas falsas. También está haciendo posible que ese contenido circule a una escala que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar.
Un estudio publicado en el Journal of Online Trust and Safety estima que el número de videos íntimos no consensuados generados mediante inteligencia artificial pasó de aproximadamente 500 mil en 2023 a 8 millones en 2025. Es decir, unas 16 veces más en dos años.
La investigación, encabezada por Sarah Morgan, de Lancaster University, junto con Sophie Nightingale y Hany Farid, no se concentró únicamente en quienes producen el contenido. Los investigadores siguieron el rastro de la infraestructura que permite que esos sitios funcionen y que sus contenidos lleguen al público.
El resultado apunta a una industria de distribución que utiliza herramientas y servicios comunes de internet.
El contenido apunta principalmente contra mujeres
Uno de los hallazgos más contundentes es también uno de los más difíciles de ignorar.
Los investigadores encontraron que casi todo el contenido identificado tenía como objetivo a mujeres y niñas. Los sitios estudiados se enfocaban especialmente en celebridades de Hollywood y de la industria cinematográfica hindi, artistas de K-pop, así como feministas y activistas reconocidas.
No se trata de material sexual producido con consentimiento.
La investigación se refiere a imágenes íntimas no consensuadas generadas mediante inteligencia artificial, conocidas como AI-NCII por sus siglas en inglés. En estos casos, fotografías reales de una persona pueden utilizarse para fabricar representaciones sexuales falsas que aparentan mostrarla en situaciones que nunca ocurrieron.
El daño, por tanto, no depende de que el video sea auténtico.
La falsificación puede ser suficiente para afectar la reputación, privacidad y seguridad de la persona representada.

88 sitios bajo la lupa
Para estudiar cómo se distribuye este contenido, los investigadores localizaron inicialmente cientos de direcciones web y posteriormente identificaron 88 sitios que alojaban imágenes íntimas no consensuadas generadas mediante IA.
De ellos, 38 estaban dedicados exclusivamente a ese tipo de material. Algunos sitios almacenaban cientos de miles de videos.
El estudio también encontró algo particularmente relevante para entender la dimensión del problema: 93% de los 88 sitios identificados podía encontrarse fácilmente mediante una búsqueda convencional en Google.
Eso cambia la naturaleza del problema.
No se trata solamente de contenido escondido en espacios difíciles de localizar. Parte del material puede aparecer dentro del ecosistema abierto de internet y estar a unos cuantos términos de búsqueda de cualquier usuario.
La infraestructura detrás del abuso
El estudio puso el foco en cinco proveedores que aparecieron de manera dominante en la infraestructura utilizada por los sitios analizados: Cloudflare, Google, Namecheap, WordPress y Proton.
Los investigadores identificaron distintos servicios relacionados con alojamiento, redes de distribución de contenido, DNS, certificados, registro de dominios, herramientas de publicación y correo electrónico.
Cloudflare apareció con mayor frecuencia en la muestra y proporcionaba distintos servicios de infraestructura a los sitios identificados. Google aparecía en servicios como certificados y publicidad; Namecheap en registro de dominios; WordPress en sistemas de gestión de contenidos y Proton en servicios de correo.
Esto no significa que esas empresas hayan creado el material ni que el estudio demuestre que conocían cada caso individual.
La distinción es importante.
El trabajo de los investigadores consiste en identificar la infraestructura tecnológica utilizada por estos sitios y plantear si las empresas que proporcionan esos servicios deberían actuar cuando se confirma que están siendo utilizados para distribuir material abusivo.
El problema de quitar una imagen cuando ya se multiplicó
Aquí aparece uno de los mayores obstáculos.
Una persona puede denunciar una imagen, conseguir que un sitio la retire y, aun así, descubrir que el mismo archivo ya fue copiado en otros servidores o páginas.
El problema deja de ser una sola publicación y se convierte en una cadena de reproducciones.
Sarah Morgan, investigadora principal del estudio, sostiene que presionar a las plataformas tecnológicas que distribuyen este material puede ser una de las vías más efectivas para reducir su propagación.
Sophie Nightingale, coautora del estudio, también cuestiona que la responsabilidad termine recayendo sobre las víctimas, quienes pueden verse obligadas a perseguir cada copia que aparece en internet.
La lógica detrás de la investigación es sencilla: si resulta cada vez más barato producir el contenido y cada vez más sencillo distribuirlo, la respuesta no puede depender únicamente de que cada víctima encuentre y denuncie cada copia.

Las leyes avanzan, pero no resuelven toda la cadena
Algunos países ya han aprobado o impulsado leyes contra diferentes formas de contenido íntimo no consensuado generado por IA.
En Estados Unidos, la TAKE IT DOWN Act fue promulgada el 19 de mayo de 2025. La legislación establece obligaciones para determinadas plataformas cubiertas y contempla la retirada de imágenes íntimas no consensuadas, incluidas las generadas mediante IA.
Desde mayo de 2026, la Comisión Federal de Comercio estadounidense señala que las plataformas cubiertas deben contar con un mecanismo para solicitar la eliminación y actuar dentro de 48 horas después de recibir una solicitud válida.
El Departamento de Justicia ya ha utilizado la legislación en casos penales. En mayo de 2026 anunció cargos contra dos personas acusadas de publicar miles de imágenes y videos generados mediante IA sin consentimiento. Las acusaciones incluyeron representaciones de actrices, cantantes, figuras políticas y personas que no eran personajes públicos.
Pero la legislación enfrenta una dificultad práctica: retirar el contenido después de que apareció no equivale a impedir que sea creado, replicado o redistribuido.
Ahí es donde el estudio coloca la presión sobre la infraestructura tecnológica.
La pregunta ya no es solo quién lo creó
El salto de 500 mil a 8 millones de videos en dos años muestra la velocidad con la que puede crecer este tipo de abuso cuando las herramientas de generación y distribución están ampliamente disponibles.
El estudio no pretende ofrecer un censo completo de todo el contenido existente en internet. Su investigación se concentró en una muestra de sitios identificados mediante búsquedas y herramientas de rastreo durante seis semanas, por lo que sus hallazgos deben leerse como un mapa de la infraestructura observada, no como un inventario absoluto de todo el ecosistema.
Pero el mensaje central sí resulta difícil de ignorar.
La tecnología que permite crear un video falso es solo una parte de la historia. Después vienen el alojamiento, el dominio, la búsqueda, la publicidad, las redes de distribución, las copias y las plataformas que permiten que el contenido vuelva a aparecer.
La pregunta que deja la investigación es, entonces, más incómoda que “¿cómo detenemos a quien crea un deepfake?”.
Es qué ocurre cuando toda una cadena tecnológica permite que ese abuso siga circulando después de haber sido identificado.


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