Las autoridades de Utah cerraron el caso de Melissa Ann Smith, asesinada en 1974, después de que nuevas pruebas genéticas vincularan al famoso asesino serial con el crimen.
Ted Bundy murió hace 37 años. Pero algunos de sus crímenes siguen encontrando respuesta en el presente.
Las autoridades de Utah confirmaron que el asesino serial fue responsable de la muerte de Melissa Ann Smith, una adolescente de 17 años cuyo homicidio permaneció sin resolver durante más de cinco décadas.
Smith desapareció el 18 de octubre de 1974. Nueve días después, un cazador encontró su cuerpo en una zona boscosa de Summit Park, cerca de Park City.
Durante años, Bundy estuvo entre los sospechosos del caso. Sin embargo, nunca había existido evidencia suficiente para cerrar oficialmente la investigación.
Ahora sí.
El avance llegó gracias a una herramienta que en 1974 simplemente no existía: la genética forense.
Una pista que sobrevivió 52 años
Los investigadores recuperaron y analizaron nuevamente evidencia conservada desde la autopsia de Smith.
La clave apareció después de que otro caso relacionado con Bundy, el asesinato de Laura Ann Aime, también ocurrido en Utah en 1974, fuera resuelto mediante pruebas de ADN.
El material genético encontrado en el cuerpo de Aime permitió establecer un perfil relacionado con Bundy. Posteriormente, los investigadores compararon ese perfil con la evidencia preservada del caso Smith.
El resultado fue determinante.
Las autoridades encontraron un perfil de ADN altamente similar en las evidencias obtenidas del cuerpo de Melissa Smith. Al combinar esa evidencia con otros elementos relacionados con el patrón, el motivo, los medios y la oportunidad, la fiscalía de Summit County concluyó que Bundy fue responsable del asesinato.
El caso fue cerrado oficialmente.

La tecnología hizo lo que antes era imposible
La resolución también muestra cuánto ha cambiado la ciencia forense.
El laboratorio criminalístico de Utah comenzó a utilizar en 2023 nuevas tecnologías capaces de obtener perfiles genéticos a partir de muestras pequeñas, degradadas por el paso del tiempo o mezcladas con ADN de distintas personas.
Eso permitió volver sobre evidencias que durante décadas habían permanecido almacenadas sin ofrecer una respuesta definitiva.
El mensaje de las autoridades es claro: un crimen puede permanecer sin resolver durante décadas, pero una prueba no necesariamente pierde su valor con el paso del tiempo.
En este caso, la evidencia esperó más de medio siglo.
Bundy ya no puede responder por sus crímenes
Ted Bundy fue ejecutado en Florida en 1989, después de ser condenado por tres asesinatos.
Antes de morir confesó haber cometido numerosos homicidios, pero no todas sus confesiones pudieron ser verificadas de manera independiente.
Por eso cada nuevo caso confirmado tiene una importancia particular.
Las autoridades de Utah también mantienen abiertas otras investigaciones que podrían estar relacionadas con Bundy. Entre ellas se encuentra la desaparición de Nancy Wilcox, de 16 años, ocurrida en 1974. Los investigadores consideran posible la participación de Bundy, pero el caso todavía no ha sido confirmado.
Ese matiz importa.
La tecnología puede aportar nuevas respuestas, pero no significa que cualquier crimen sin resolver de aquella época pueda atribuirse automáticamente al asesino serial.
En el caso de Melissa Smith, la evidencia genética permitió cerrar una historia que llevaba 52 años abierta.

La última palabra no la tuvo Bundy
Durante décadas, la muerte de Melissa Smith quedó acompañada por una pregunta que su familia nunca pudo responder completamente: quién la había asesinado.
Ahora existe una respuesta oficial.
Y hay una ironía poderosa en ello.
Bundy intentó convertir sus crímenes en parte de su propia leyenda. Décadas después, la ciencia está haciendo lo contrario: reconstruyendo los casos alrededor de las víctimas y no alrededor del asesino.
Melissa Ann Smith tenía 17 años cuando desapareció.
Su nombre permaneció en un expediente durante más de cinco décadas.
Hoy, el expediente puede cerrarse.
No porque Ted Bundy haya confesado.
No porque él pueda responder.
Sino porque una prueba que sobrevivió al tiempo finalmente habló.


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