La Feria del Alfeñique 2026 ya está en Plaza Fundadores, con dulces desde 4 pesos, artesanías y cientos de figuras que mezclan la tradición del Día de Muertos con la imaginación de los artesanos leoneses.
En León, el Día de Muertos también se puede comer.
Y no necesariamente en forma de pan.
En el Centro de la ciudad ya comenzó la Feria del Alfeñique 2026, una de esas tradiciones que cada octubre convierten a Plaza Fundadores en un pequeño museo al aire libre de colores, formas, aromas y creatividad artesanal.
La escena es peculiar: junto a las tradicionales frutitas y panes aparecen pequeñas ollas de frijoles, enchiladas, guacamayas y hasta pizzas.
Todo hecho en alfeñique.
La feria se encuentra instalada en Plaza Fundadores, a un costado de la Fuente de los Leones, y puede visitarse de lunes a domingo, de 9 de la mañana a 10 de la noche.
El precio también mantiene una de las características que hacen atractiva esta tradición para las familias: hay piezas desde 4 pesos, además de promociones de tres por 10 pesos en algunos productos.
Pero el verdadero atractivo no está solamente en el precio.
Está en mirar de cerca lo que los artesanos son capaces de convertir en una pequeña pieza de azúcar.
DE LAS FRUTITAS A LAS GUACAMAYAS
El alfeñique tradicional se elabora a partir de una pasta de azúcar, en este caso con limón, que los artesanos moldean hasta convertirla en pequeñas figuras.
Las frutas son algunas de las piezas más reconocibles.
También están los pastelitos, panes, enchiladas, ollas de frijoles y otras miniaturas que forman parte del repertorio tradicional.
Pero la imaginación no se detiene ahí.
Este año pueden encontrarse guacamayas, pizzas, donas, elotes en vaso y otras representaciones de alimentos y objetos cotidianos.
La tradición cambia de forma sin dejar de ser tradición.
Y esa capacidad de reinventarse es precisamente una de las razones por las que la Feria del Alfeñique sigue teniendo un lugar especial en el calendario leonés.
Alejandro Manríquez, uno de los artesanos participantes, invitó a la población a visitar la feria y conocer el trabajo que realizan tanto en alfeñique como en barro.
Porque detrás de cada pieza hay mucho más que una venta de temporada.

UN TRABAJO QUE COMIENZA MESES ANTES
Para los artesanos, la feria no comienza cuando se instalan los puestos.
Carolina Valadez explicó que algunas de sus figuras empiezan a elaborarse desde abril y que el trabajo prácticamente ocupa buena parte del año.
La razón es sencilla: la variedad de piezas requiere tiempo.
Frutitas, panes y diferentes miniaturas forman parte de una producción que necesita preparación, elaboración y cuidado antes de llegar a las mesas de la Plaza Fundadores.
El resultado es una feria que, durante unas semanas, permite observar una parte del trabajo artesanal que normalmente permanece detrás del mostrador.
NO TODO ES ALFEÑIQUE
La Feria del Alfeñique también funciona como un mercado de temporada.
Además de los dulces, los visitantes pueden encontrar artesanías de papel maché, barro y otros materiales, así como productos para montar los tradicionales altares de muertos.
Hay aserrín de colores, papel picado y veladoras decoradas con formas relacionadas con esta temporada, como panes de muerto y flores de cempasúchil.
Es decir, la feria no solamente ofrece algo para comer.
También reúne buena parte de los objetos que acompañan el ritual doméstico del Día de Muertos.
Y ahí está su valor cultural.
Entre el azúcar, el barro, el papel y los colores, la feria conserva una tradición que se mantiene vigente precisamente porque sigue encontrando nuevas maneras de hablarle a las generaciones actuales.

UNA POSTAL MUY LEONESA
Hay algo particularmente interesante en esta edición.
Las piezas ya no representan únicamente elementos asociados con la tradición.
También representan a la ciudad.
Una guacamaya convertida en dulce puede parecer una simple curiosidad, pero dice algo sobre la forma en que una tradición artesanal puede apropiarse de los símbolos cotidianos de León.
Lo mismo ocurre con una pizza, una dona o un elote en vaso.
El alfeñique deja de ser únicamente una figura de temporada y se convierte en una pequeña crónica de lo que la gente come, reconoce y disfruta.
Por eso caminar por la Feria del Alfeñique no es solamente ir por un dulce.
Es encontrarse con una tradición que, después de décadas, sigue teniendo la capacidad de sorprender.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender por qué cada octubre el Centro de León vuelve a llenarse de color.
La tradición permanece. Lo que cambia es la imaginación con la que se cuenta.


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